viernes, 13 de marzo de 2015

Situaciones graciosas y... RIDÍCULAS.

¡Hola a tod@s! Hacía tiempo que no escribía ninguna de mis entradas reflexionando sobre algo. Pensaba sobre lo que podía escribir y, al final, el otro día di con la idea. Pero la manera en la que encontré la inspiración no es que fuera demasiado buena... Vale, ahora lo pienso y me río, pero en ese momento no fue así.

El post de hoy va dedicado a todas esas situaciones que nos pasan que, evidentemente, son graciosas pero que en esos momentos no sabemos si reír o echarnos a llorar. Estoy segura de que, alguna vez, hemos vivido algo así. 

Sucedió que el otro día me levanté con el tiempo justo para coger el tren para ir al trabajo. Mientras mi novio me llevaba a la estación en el coche, yo iba gritando como una posesa porque tenía claro que el tren ya habría pasado. No obstante, cuando entramos a la calle de la estación, vislumbré a la gente todavía esperando en el andén... ¡Bien, iba a cogerlo! Y aquí es cuando viene la primera situación gracio-ridícula (así las voy a denominar a partir de ahora).

SITUACIONES DE GOLPES Y HOSTIAZOS

1) Coger un tren en el último segundo.

Seguramente os ha pasado. Pues a mí no hasta el otro día y, la verdad, espero que no me suceda otra vez. En esta situación entras a la estación como una posesa, mirando a un lado y a otro con los ojos inyectados en sangre como Hulk porque ves que el tren está parado en la vía pero aún tienes que pasar el billete por la maquina. Lo metes. No funciona. Te vas a la otra máquina y esta vez se abre y puedes pasar. Pero justo en ese momento retumba en tus oídos el pitido del tren avisando que se marcha. "NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO", gritas en tu mente (aunque en realidad no es en tu mente, sino que se ha materializado y estás chillando con tu voz a lo monstruo como en las pelis y parece que todo sucede a cámara lenta). Al final logras subir al tren en la última milésima de segundo, cuando las puertas se están cerrando. Te quedas parada en el centro del vagón, porque la cabeza no te da para más, con una sonrisilla orgullosa ya que piensas que tu entrada ha sido heroica. 
Nada más lejos de la verdad: has entrado con los pelos revueltos, la cara de psicokiller y el grito ese que ha asustado a los que van en el vagón.

Conclusión: Te llevas la risilla de la gente y un pedazo moratón en el brazo porque, minutos después, te das cuenta de que las puertas se han cerrado contra ti aprisionándote casi.

Pues os digo que casi casi parecía yo esa chica de la foto...


2) Caída ante tíos buenos.

Esta es la pesadilla de las adolescentes, aunque supongo que para los adultos también. 
Vas caminando un día por la calle toda feliz porque sabes que, en el parque del centro, se reúne con sus amigos ese jamelgo que tanto te gusta. Total, que te has vestido de manera rompedora, te sientes guapa y segura. Y llevas taconazos. Meeec. Error, error. Ves a lo lejos al buenorro, con esa sonrisa que hace que se te caigan las bragas al suelo, y te dispones a pasar por delante del grupito. Y es que encima los amigos tampoco están mal. Caminas segura, con la cabeza bien alta, sabiendo que ellos están girando la cabeza hacia ti porque, joder, estás buenísima ese día... PLAF. Hostia al canto. Los tacones se te doblan y te caes al suelo como Betty la Fea (lo mejor que te puede pasar es que tan solo se te doblen pero que logres continuar caminando. El movimiento a lo Lina Morgan que haces en ese momento también es ridículo, pero no tanto como aparecer despatarrada en el suelo delante del jamelgo).

Hay diferentes versiones de esta gracio-situación: pisar una caca, descubrir que llevas la falda subida y se te ven las bragas o, directamente, que seas tan patosa que te disloques el tobillo aun sin llevar tacón).

Conclusión: dolor en el culo o, pongámonos en lo peor, un esguince y, encima, que el jamelgo ya no te va a volver a ver del mismo modo. Bueno, si tienes la suerte de ser la prota de una novela puede que se enamore de ti.

 Así es como te quedas unos segundos, esperando que todo sea una maldita pesadilla. Pero no, te levantas y encima habrás caído en alguna caca, ya verás.


SITUACIONES EN LOS WC.

3) El maldito papel pegado en tus zapatos.

Pues esto no tiene mucho misterio. Vas al wc a hacer tus necesidades, cuando terminas te adecentas y, finalmente, vuelves a salir. Vas caminando tan tranquila, con tu bonita sonrisa iluminando tu cara, hasta que te das cuenta de que la gente se está riendo de ti. Te preguntas qué cojones puede pasar... Te miras de arriba a abajo y es cuando descubres que, pegada a tu zapato, hay una tira de papel del baño que de tan larga que es podrías usar como cola de tu futuro traje de novia.

-Oiga, lleva usted un papel pegado al tacón...
Bajas la mirada hasta tus hermosos zapatos y compruebas con horror que es verdad. Intentas disimular.
-No, es que es la última moda, ¿sabe?
-¿Ah, sí? Pues ya no saben qué inventar...
Y te alejas con el papel pegado hasta que echas a correr y te vas a un rincón a quitártelo.


4) Pensar que una está sola en el WC cuando no lo está.

Aquí también hay diferentes versiones. Una es en la que te estás cagando a morir y te metes en un baño público sin poder aguantarte más. Pueden pasar dos cosas: que ya haya gente dentro y escuche tu mascletà o que entren después e, igualmente, la oigan.
Después está esa situación en la que entras y no hay nadie. Y claro, te sientas, haces tu pipí de princesita y... te tiras tal peaco que crees que el baño se ha roto. Pero bueno, no pasa nada porque estás sola. Así que sueltas un par más, que la hamburguesa se te ha hecho un poco pesada. Terminas, tiras de la cadena tan feliz, incluso tarareas alguna cancioncilla de Disney... Y entonces abres la puerta y descubres que hay una persona lavándose las manos. CÓMO ES POSIBLE, si no has oído nada. Pero ahí está, y tú tienes que lavarte las manos con la cabeza gacha, intentando hacer caso omiso de la sonrisilla de la otra persona.

-Prrr, prrr, prrr...
-Oiga, ¿podría parar ya? ¡Parece que esté en una Orquesta Sinfónica!


SITUACIONES DURANTE EL SEXO

Pues sí, gente. Durante el sexo no todo es divertido y apasionado. Eso solo es así en las pelis y en las novelas. La realidad es más cruda. Veamos:

5) Pedos vaginales.

Recuerdo cuando hace un montón de años una amiga me habló de esto. Yo me reí mucho y le dije que eso no era posible, que era una leyenda urbana. Sin embargo, me aseguró que le había pasado y yo le dije que a mí nunca, cosa que era verdad. Pero basta decir eso para que, como una maldición, te toque la lotería. 
Estás ahí tan animada, él también... Vamos, que está siendo un espectáculo total, el mejor sexo de tu vida que ni en las mejores novelas eróticas. Que por cierto, cuando a veces leo o escribo me da por pensar que en determinada postura tendría que salir un pedo vaginal... Pero claro, sería cargarse la magia. Bueno, que sí, que estás en tu apogeo, que sabes que el orgasmo llegará pronto, él te va a cambiar de postura y maldita la hora en la que ha hecho eso porque entonces algo sale de ti, algo que te hace gracia, claro, pero que en el fondo no sabes cómo se lo va a tomar el otro, en especial si es la primera vez que lo haces con él. 

Conclusión: O fingís que no ha pasado nada y continúais dándole a la mandanga, u os reís y también le dais a la mandanga. NUNCA OS detengáis. Eso hará que piense que el gas ha venido de otra parte.

-Cariño... ¿Ese era cular o vaginal?


6) El palomino.

Os preguntaréis qué cojones es esto. Pues algo muy asqueroso, oigan. Esto no nos suele pasar a nosotras. Al menos, que yo sepa, las mujeres somos bastante limpias en eso... Y si nos pasa, habrá sido por un descuido muuuy grande. 
Pero imaginad que estáis en ese momento tan maravilloso de quitarse la ropa. Él, que está tremendo, que es el jamelgo con el que has soñado desde que llevabas trenzas, se empieza a bajar los bóxer -de Calvin Klein y todo- y, entonces, ves algo que dudas que sea real. Intentas no mirar porque sabes que, si descubres lo que es, todo terminará ahí y todas tus creencias se derrumbarán. Pero al final miras y una arcada te sobreviene: restos de materia fecal. 

Conclusión: Coge tu ropa y huye.

Y en este último he puesto una foto de mi Ben Barnes porque no me apetecía ver un calzoncillo cagao.


Hay muchas más situaciones en las que te ríes y, al mismo tiempo, te sientes ridícula. Más adelante, cuando tenga más tiempo, añadiré más. De momento espero que hayáis disfrutado con estas...

¡Ya sabéis, espero vuestros comentarios en el blog! Muchos besotes.

5 comentarios:

  1. Ya que Elena Montagud ha contado su historia en el tren. Yo voy a contar la mía.
    Imagináos. Sales tarde de casa para coger el tren e ir a la uni. Con lo que sales pitando con el bolso y la carpeta. Llegas después de quince minutos corriendo al tren, y te das cuenta que no lo has perdido. ¡Gracias a Dios! Y que después de la carrera que te acabas de meter, encima el trenecito viene con retraso. Pero para retraso el mío con lo que me ocurrió. Ahora me río, pero os juro que no sabía donde meterme en aquel inatante.
    Pues bien. En vez de pegarme a la pared del andén, yo siemlre me pongo cerca de las vías (con una distancia prudente, claro), y eso hice. El caso es que empecé a notar miradas en mi esoalda y risitas. Yo miraba pero nada, todo me parecía igual. Hasta que empecé a tener frío por el culo aún llevando medias. Y sí, es lo que estáis pensando. Con las prisas, me había colocado mal el vestido y lo tenía metido por las medias y encima el bolso se encargó de subírmelo más. Por lo que estuve unos diez minutos, más el camido al tren con el culo al aire. Os lo juro. Nunca pasé tanta vegüenza!!! Lo peor, es que había un montonazo de gente que conocía y nadie me dijo nada. Ahora ni puedo mirarles a la cara jajaja

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  2. Me he reído un montón Elena, y no voy a negar que alguna cosa de estas me ha pasado, pero de ninguna manera diré cual, jeje!!

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  3. Me he reído un montón Elena, y no voy a negar que alguna cosa de estas me ha pasado, pero de ninguna manera diré cual, jeje!!

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  4. Elena eres buenísima hija mía!!!!! me he meado de la risa!!!!

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  5. ajjajaja me reí mucho con los pedos vaginales!!!!

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