lunes, 7 de septiembre de 2015

Palabras de Placer (Trilogía del Placer II) a la venta en plataformas digitales

¡Buenos días a todos!

Pues sí, ya está a la venta Palabras de Placer, el segundo volumen de la Trilogía del Placer. De momento lo tenéis en digital en todas las plataformas digitales. Y en octubre lo podréis conseguir en papel.

¡A disfrutar con los patitos!

SINOPSIS:
Tras la sensualidad explosiva de Trazos de placer, llega ahora una novela igual de intensa y aún más apasionada.
Te lo advertimos y ahora ya lo sabes: con la «Trilogía del Placer», ¡volverás a soñar!
¿Quieres disfrutar con las canciones que hacen vibrar a Melissa, la protagonista de Palabras de placer? Al final de este eBook encontrarás un enlace para acceder a la banda sonora que acompaña a esta sensual historia de amor y pasión.
Melissa y Héctor creen que el amor puede derribar todas las barreras, pero algunas se resisten a caer.
Melissa piensa que Héctor es el hombre perfecto para ella, sin embargo está descubriendo una faceta de él que desconocía.
Melissa está convencida de que Germán pertenece al pasado, pero su ex novio no lo tiene tan claro y ha vuelto más guapo y sexy que nunca...
¿Por qué los ex siempre reaparecen enel momento menos apropiado? ¿Por qué la felicidad junto a alguien nunca puede ser completa? En definitiva, ¿por qué los asuntos del corazón siempre se acaban complicando?
Una historia de hoy sobre mujeres que buscan el amor y hombres que dicen querer solo sexo.
Tan real y tan intensa como la vida misma...

Enlaces de compra: 



Cosas ridículas (pero que luego son graciosas) que te pueden pasar en una cita

¡Buenas, mis soñadoras y soñadores!
Como es lunes, apetece empezar la semana con alegría y risas, así que me he dicho que qué mejor que crear un post de esos graciosos que tanto me gustan, y a ver si también os puedo amenizar un poquito vuestro día.

Como habéis visto en mis otros post, me encantan esas situaciones que son ridiculonas y que, aunque en ese momento te quieres morir de la vergüenza, pasado un tiempecillo (o incluso en ese mismo momento) puedes reirte con ellas. Porque lo mejor es tener sentido del humor y aprender a reírse también con uno mismo cuando le pasan estas cosillas.

El post de hoy va dedicado a las citas... (que puede ser la primera -y en este caso es más vergonzoso-, la segunda o la tercera... Luego ya pasa un tiempo y como hay más confianza -aunque a veces esta da asco, pa' qué mentir- ya no importa tanto y todos nos reímos) y a esas cosas que nos pueden pasar y que te hacen pensar: "Tierra, trágame".

No os voy a decir exactamente cuáles me han pasado, eso lo dejo para vosotr@s, para que intentéis adivinar... Pero os aseguro que alguna de ellas me ha pasado y que, si bien al principio me he querido morir de la vergüenza, después me he reído un montón, y mi pareja también.

Pues... ¡vamos allá!

-La comida entre los dientes. 

Para mí, esta es una de las menos vergonzosas, pero bueno... Siempre está esa sensación de pensar: "Joder, debo de haber quedado como una gilipichi". Pues nada, ahí estás tú comiendo o cenando por primera vez con ese hombre por el que estás empezando a sentir algo (no sé si a vosotr@s os pasa, pero es que a mí me pone muy nerviosa la primera comida o cena con una persona a la que estoy conociendo, y claro, de los nervios luego pasan cosas peores...), estás tan feliz, él soltando bromas que te hacen reír un montón... Y es cuando llega el problema: te estás riendo, estás sonriendo todo el rato y, por cojones, los dientes se te ven. Y él, de repente, empieza a hacer gestos raros que tú no llegas a comprender (hasta piensas si es que va a tener algún tic extraño) y tú sigues sonriendo como una pava hasta que, por fin, te dice esa frase que has visto en tantas películas de risa y que tú pensabas que jamás te la dedicarían a ti: "Mira, perdona, es que... Tienes algo entre los dientes". Y ese algo no es una simple manchita, no, sino un pedazo de trozo de lechuga pegado en tu paleto, más grande casi que el propio diente, y te arrepientes de no haber cogido tu hilo dental o incluso el cepillo de dientes.
-¿Me das un besito...?



-La ropa que decide rasgarse en ese momento feliz.

Ni siquiera es necesario haberse puesto una ropa excesivamente estrecha. En ocasiones, el destino es cruel y decide pasárselo bien a tu costa dejándote en ridículo. Llevas puesto ese vestido tan bonito (aunque un poquito ajustado, para qué mentir) que viste en las rebajas, o tu falda favorita que no usabas desde hace un tiempo, o ese pantalón vaquero que realza tus piernas y tu culo... Y estás fantástica. Te has dado cuenta que cuando has aparecido ante él por primera vez, ha dudado entre darte dos besos o tirarte contra el capó del coche. Total que ha llegado el momento de irse a bailar, o simplemente tienes que agacharte porque se te ha caído algo y... ¡Rascaaaa!
Estás agachá, con tu magnífico culo en pompa, pero el problema es que está ahí mostrándose en todo su esplendor de manera literal. Has oído ese terrible ruido de roto y un airecillo fresco te está entrando por todas tus partes. Si tienes suerte te habrás puesto un bonito conjunto de ropa interior. Si te has puesto un tanga de esos de hilo, lo más probable es que todas tus nalgas estén preparadas para un selfie. Lo único que te queda es levantarte con toda la dignidad que te quede, sonreír y... aguantar el resto de la noche. Si llevas una chaqueta, anudatela a la cintura como cuando éramos jovenzuelos...

Asegúrate de llevar una ropa interior bien bonita. Al menos, que puedas ir con la cabeza bien alta.



-Beber demasiado.

Puede pasar. Puede pasar porque estamos nerviosas, para qué negarlo. Y pensamos que un vinito o una cervecita no puede hacer daño... Craso error porque esa copita y esa cañita se multiplican como por arte de magia y cuando nos queremos dar cuenta tenemos en la mesa una colección de vasos cuya bebida ha bajado a la rapidez de la luz. Y nada, acabas borrachísima, hablando casi que en otro idioma y... lo peor que puede pasarte es que te siente mal y acabes vomitando en medio de la acera mientras él te tiene que sujetar el pelo para que no te lo manches. Pero bueno, si te trata de manera cariñosa y te cuida en esta primera cita, seguramente el éxito está garantizado.
Por una copita que me tome antes de ir a la cita, no va a pasar nada...


 -El pedo fatídico.

Somos mortales. Todos nos tiramos pedos. Y a todos se nos ha escapado uno alguna vez. Lo que sucede es que no es lo mismo estar en tu casa solita donde puedes dar rienda suelta a la Orquesta Sinfónica, que estar en plena cita y que ese pedete puñetero decida ser libre. Es lo que pasa cuando te estás riendo tan tranquila a carcajada limpia, que sin querer pues se escapa. O simplemente piensas que no sonará mucho, pero ha sido un error. Tienes varias opciones: disimular y toser, reírte o soltar alguna gracia. Lo que no se debería hacer es salir corriendo despavorida. 

 Eso si tienes la suerte de fingir que de verdad no ha sido un pedo...


-Los tacones malditos.

Queremos estar bellas para la cita y está claro que unos tacones bien bonitos van a estilizar nuestra figura. Pero esos tacones tan maravillosos pueden ser también tus verdugos y más cuando no estás acostumbrada a llevarlos (que es lo que me pasa a mí, que siempre acabo pareciendo una mezcla entre un pato mareado y Lina Morgan). Lo mejor que te puede pasar es que el pie se te tuerza y camines unos cuantos metros cual trapecista en la cuerda floja pero que salgas airosa. Lo peor es que acabes escoñada en el suelo y él preguntándote si estás bien. Riete también, que es lo mejor.
 Las leñes con tacones nos convierten en expertas bailarinas de break dance...


Y hasta aquí llega el post de hoy. Espero que en este día lluvioso al menos os haya sacado alguna sonrisa.
¡Feliz lunes, soñadoras y soñadores!